La estrategia progre de descalificar como “ultraderechista” a todo aquel que no comulga con sus dogmas no es nada nuevo. Hace ochenta años ya los propagandistas del estalinismo en Occidente acusaban de “fascista” a todo lo que quedaba a la derecha del Kremlin. Lo que quedaba a la izquierda era “troskista”, y por tanto carne de Lubianka y de gulag. Para cubrir todos los flancos siempre quedaba la acusación de “revisionista”, que se le podía encasquetar a cualquiera como trámite previo a llenarle la nuca de plomo.

Con el tiempo, el remoquete de “facha” ha ido constituyendo un lugar común. Las palabras son como las piedras de un río; el uso indiscriminado obra con ellas como la corriente, puliendo las aristas y haciendoles perder sus matices. Por ello, los publicistas de la progrería hoy en día prefieren emplear “ultraderecha” y “derecha extrema” cuando se refieren a sus enemigos por la diestra.

No sorprende pues que haya pendolistas mercenarios a sueldo del Grupo Serra que carguen contra los escasos medios de comunicación que mantienen una línea insumisa a la corrección política imperante en general y que poco a poco van calando entre la población. Hasta hace pocos años el “progresismo” en sentido extenso era casi hegemónico en los medios. Prácticamente todas las cadenas de televisión estaban sometidas a la tiranía de la corrección política. Las cadenas de radio, sometidas a la dictadura de las concesiones de postes, y si alguna salía rana se le aplicaba la censura administrativa. En la prensa escrita había alguna publicación más o menos crítica, pero el maná de la publicidad institucional incentivaba (y sigue incentivando) la sumisión al poder. Mas hete ahí que, al igual que sucedió con la invención de la imprenta, la tecnología acudió en socorro de la Libertad. Surgió la internete, la prensa on line, los blogs, las técnicas de preservación del anonimato … y ahí la censura puede hacer muy poco. Para desesperación del progrerío eclosionó en la Red una floración de lugares en los que la corrección política era pasada por el arco del triunfo, y contra eso poco podían hacer. El éxito en la Red de medios de comunicación de orientación liberal es evidente. Como reacción a ello crearon sitios en la internete cuyo fracaso fue notorio, montaron medios digitales de un sectarismo tan burdo que hasta sus artífices acaban abandonando como roedores y luego intentaron poner puertas al campo censurando la internete con excusas baratas. La casta política, socialistas de izquierdas y de derechas cogidos de la manita con la carcundia catalanista , aprobaron una ley para cerrar sitios en internet by the face, y que quien no esté de acuerdo que recurra a la jurisdicción ordinaria, permaneciendo el sitio chapado hasta que el señor juez decida un año de estos. Ya se sabe, en España siempre hay un juez dispuesto para dar su visto bueno a una injusticia. Y mientras tanto, en la TDT poco a poco se van introduciendo canales que se pasan por el forro las consignas oficiales desafiando al Leviatán gubernamental, que no pierde ocasión para imponer multas y para pergeñar más engendros censores.

Como todo ello no es suficiente, la casta política suelta a sus perros de presa en los medios, o a falta de ellos a caniches famélicos, gritando la consigna: “¡ULTRADERECHA! ¡VADE RETRO!” como posesos intentando engañar al público incauto. La realidad es que a la muerte de Franco la ultraderecha no se metió en las catacumbas. A las catacumbas fueron, merecidamente, los Blas Piñar y los Ynestrillas de turno, pero la gran masa de la ultraderecha se pasó con armas y bagajes al socialismo. El cambio no fue demasiado traumático porque el falangismo puro era una suerte de socialismo dulcificado por la campechanía joseantoniana y el franquismo fue, hasta finales de los años cincuenta, una especie de socialismo cuartelero. Los 25 puntos del Partido Nazi alemán eran socialismo puro y duro. Mussolini era un socialista típico y la llamada democracia orgánica franquista era un calco del corporativismo fascista italiano.

Que nadie se deje engañar por estos embaucadores. Así que ya sabe: cuando oiga a algún soplapollas hablar de la ultraderecha, derecha extrema y facherío procure desconfiar y emplear el sentido crítico. Los soplapollas dicen soplapolleces.

LOS HEREDEROS DEL FRANQUISMO SON ELLOS

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